
Veamos. Y esta es una palabra que compromete si se va a hablar de un OJO. Al igual que en el Génesis, donde todo comienza con la supuesta creación de la luz, este OJO nace un domingo soleado o más bien brillante. Podríamos asegurar que parte de un sueño de OJOs abiertos. En dicho sueño, las revistas tenían contenido. Sí, cierto, es un sueño extraño. Las revistas llenaban espacios, no recogían vacíos. Las revistas eran un canal de información impresa, no un desperdicio de papel. Las revistas eran espejos y respuestas, no estereotipos fabricados. Había también, revistas para jóvenes universitarios. Jóvenes que dicen estar formándose para ser profesionales. Jóvenes que se hacen preguntas, junto a su juventud y las fiestas. Jóvenes que leen libros, guías y esquemas. Jóvenes que escuchan o tocan instrumentos. Jóvenes antropólogos o ingenieros. Varios jóvenes, muchos, variados y complejos. Esa revista, única, se llamaba OJO. Y nació de algunos jóvenes con ganas de comprometerse por escrito. Era una revista que no sólo ves, sino que ve. ¿Difícil? No… Interesante.
