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viernes, 19 de febrero de 2010

Puro Cuento



La vida es un constante aprendizaje, por ello les traemos información a todos aquellos OJOs escritores que deseen mejorar sus técnicas para la escritura de narrativa.

Leo Felipe Campos es el facilitador en esta oportunidad de uno de los "Talleres imaginarios" en su ciclo 2010, una asociación con propuestas interesantes para el público en general. El taller "Puro Cuento" intentará sumergirse en la ficción, su creación y desarrollo ante una historia posible. En esta oportunidad parece que las reglas pueden romperse, y el aprendizaje se desdobla ante cada uno de los participantes. El costo aproximado es de 350 Bs. F. más un doce porciento (12%) de impuestos.

Sin más palabras los dejamos con el flyer y la info. de contacto...


Publicado por: Osmar Peña (Revista Ojo)

martes, 2 de junio de 2009

Ojitos a la espera de Cristian Valencia*


El escritor y periodista colombiano, Cristian Valencia, dictará el próximo 5 de junio el Seminario para Periodistas, organizado por la Corporación Bigott.

¿Quién es Cristian Valencia?
Ha obtenido numerosas distinciones, entre ellas la primera mención en el Concurso de Libro de Cuentos del IDCT (Instituto Distrital de Cultura y Turismo), en 1992; la Beca de Novela del Ministerio de Cultura, en 1997; y la primera mención en el concurso Cronistas del siglo XXI, convocado por la revista Gatopardo para toda Iberoamérica, en el 2000.

Durante tres años hizo la columna de libros para la revista Cromos. Sus crónicas han aparecido en el periódico El Tiempo, y en las revistas Gatopardo, Soho, Cromos, Semana, Credencial y otros medios independientes. Sus novelas El rastro de Irene y Bitácora del Dragón fueron publicadas con el sello editorial Planeta. Este año apareció su libro de crónicas Hay días en que amanezco muerto, con el sello Random House-Mondadori.

Actualmente C. Valencia se desempeña como columnista de El Tiempo y como cronista freelance para distintos medios impresos.


*Publicado por: Mariana Díaz - Reti-Nita

martes, 26 de mayo de 2009

Historias Universitarias (*)


Un reconocido profesor de economía, de la universidad norteamericana Texas Tech, alegó que él nunca había reprobado a uno de sus estudiantes; pero que, en una ocasión, tuvo que raspar un aula entera. Cuenta que esa clase le insistió en que el socialismo sí funcionaba, que en ese sistema no existían ni pobres ni ricos, sino una total igualdad. El profesor propuso a sus alumnos hacer un experimento en clase sobre el socialismo. Todas las notas iban a ser promediadas y a todos los estudiantes se les asignaría la misma calificación, de forma que nadie sería reprobado ni nadie sacaría una A.

Después del primer examen, las notas fueron promediadas y todos los estudiantes sacaron B. Los estudiantes que se habían preparado muy bien estaban molestos y los estudiantes que estudiaron poco estaban contentos. Pero, cuando presentaron el segundo examen, los estudiantes que estudiaron poco -o casi nada- estudiaron aún menos; y los estudiantes que habían estudiado duro decidieron no trabajar tan arduamente ya que no iban a lograr obtener A; y así, también estudiaron menos. íEl promedio del segundo examen fue D! Nadie estuvo contento.

Cuando se llevó a cabo el tercer examen, toda la clase sacó F. Rasparon todos. Las notas nunca mejoraron. Los estudiantes empezaron a pelear entre sí, culpándose los unos a los otros por las malas calificaciones; hasta llegar a los insultos y resentimientos. Ninguno estaba dispuesto a estudiar para que se beneficiara otro.

Para el asombro de toda la clase: ¡todos perdieron el año! El profesor les preguntó si ahora entendían la razón del fracaso del socialismo. Es sencillo, simplemente se debe a que el ser humano está dispuesto a sacrificarse trabajando muy duro cuando la recompensa es atractiva y justifica el esfuerzo. Pero cuando el gobierno elimina ese incentivo, nadie hace el sacrificio necesario para lograr la excelencia. Finalmente, el fracaso es genera


(*) Historia enviada por uno de nuestros lectores.
Foto: Robert Pollack

martes, 21 de abril de 2009

Te cuento un cuento*

Organizada por el Pen de Venezuela y coordinada por Ana Teresa Torres y Héctor Torres, la IV Edición de la Semana de la Nueva Narrativa Urbana comienza hoy.

Todas las noches a partir de las 7 pm, tres dizque jóvenes autores estarán leyendo un cuento de su autoría que luego será comentado por un padrino mágico. El lugar: el Centro Cultural Chacao.

Desde la Revista Ojo le hacemos promoción a Leo Felipe Campos, nuestro asesor editorial y visitante cargador de bebés. Él lee el martes. Asistan.


*Publicado por: Reti-Nita - Mariana Díaz

domingo, 9 de marzo de 2008

PRESENCIA (Cuento breve)


Se sentía observado, constantemente, por algo que no podía ver. Vertiginosa presencia invisible. Resolvió, a partir de la idea de que eso podía estar en cualquier parte, encontrarlo. Al azar (o al menos él creyó que era al azar) eligió cualquier cosa: la bombilla de su cuarto, y concentró allí todas sus atenciones. Durante una hora la observó, obsesionadamente, sin descanso. Todo empezó a desvanecerse, lentamente, hasta desaparecer, con él.

jueves, 28 de febrero de 2008

LA VOZ DE UNA OVEJA NEGRA (cuento)


A mi abuela Ana

Yo fui siempre la oveja negra. Es decir, ésa que en una familia del campo y de impecables costumbres, difiere desfavorablemente de sus cinco demás hermanas pequeñas. Desfavorablemente.

Un día, a mis diez años, de la nada y como una especie de proceder de mi condición, les arranqué y enmarañé la cuerda de colores que usaban para saltar a las niñitas de padres y maestros flexibles que sí podían comprar chucherías ¡Usted se va bien desayunada para la escuela y llega directico a almorzar con merienda y cena además! y jugar todo lo que quisieran ¡A la escuela no se va a otra cosa que a estudiar, carajo! a la hora del recreo. Tramé la fechoría con otras ovejas negras (eso sí, menos desfavorables que yo), aunque lo hice casi todo yo solita. Tan negra era, supongo, que también a mí solita la implacable maestra me citó el representante cuando esas niñitas fanfarronas le fueron con el chisme, incluyendo a mis secuaces. Tendría que ir mi mamá, mi severa e inclemente madre, cuanto antes.

Por supuesto, nunca le dije nada. Y así pasó el día.

Cuando la maestra me preguntó Dónde está tu mamá, Ana, qué pasó que no ha venido le dije que ella estaba muy complicada, que había perdido ayer a la última de mis hermanas y después del curetaje había quedado prácticamente inmóvil por unas semanas, Imagínese. Mirándome, inconmoviblemente, arrugó las cejas hacia abajo.
—¿Y tu papá?
Le dije que mi padre siempre estaba ocupado porque tenía que atender a cien obreros en la hacienda y al mismo tiempo velar por mi mamá y mis hermanas pequeñas y jamás se podría tomar unas horas En pendejadas como esa de estar yendo a tu escuela para qué. Mirándome, esta vez chocarreramente, arrugó las cejas hacia arriba. No me dijo más.
Supuse que ahí quedaba todo.

Transcurrida una semana entera sin trances y mientras regresaba a mi casa me encontré al vigilante de la escuela en el camino. Él venía y yo iba. Sentí tembleques en las tripas y una punzada en el pecho.

—¿Tú vienes de mi casa? —le pregunté.

—No —me dijo, con una mueca de indolencia y misericordia y susto. Y siguió su camino.

Y no me mintió, porque cuando llegué mi almuerzo estaba listo y servido con mis cinco hermanas emperifolladas en la mesa (como de costumbre), pude ir a dormir mi siesta de las dos de la tarde (como de costumbre), me levantaron a las cuatro a hacer mis tareas y mis labores en la casa (como de costumbre), y mi mamá me llamó a merendar y más tarde a cenar en compañía de mis cinco hermanas mugrientas (también como de costumbre). Nunca le vi la mueca que tendría si se hubiese enterado de algo raro.

Antes de irme a dormir, ella y mi papá me dijeron que fuera un momentico al patio. Un momentico nada más. Y ahí, entradas las nueve de la noche y mientras mis hermanitas ya estaban bien dormidas y apenas faltaba apagar todas las luces, me mataron.

Texto por: Carlos Castro. UCV.